Las personas libres jamás podrán concebir lo que los libros significan para quienes vivimos encerrados.
Ana Frank.

27 oct 2010

Carpe diem


14/10/2010
Querido diario, hoy me encuentro sumergida en mis pensamientos, en mis pensamientos sobre él. No quiero hacer otra cosa que no sea pensar en él; no quiero soñar; no quiero hacer nada que me lleve a un uso involuntario de mi mente. Solo y únicamente quiero fijar mis pensamientos en él ¿por qué? porque estoy enamorada, simplemente enamorada, nada más.
Ayer sobre las 20:45 me llamó. Hablamos durante cinco minutos, tiempo suficiente para deleitarme en su cálida voz; me pareció estar soñando y aún me lo parece, es curioso ver como todos esos sueños que fuiste formando poco a poco se desvanecen convirtiéndose en realidad.
Anoche leyendo un libro llamado Maldita adolescente que me mandó mi sabio profesor de Literatura, Don Antonio, llegué a un párrafo donde en el pasado me hubiera sentido totalmente identificada con quién lo escribía, decía así:

"El miedo a perder tu amor, Adriana. El miedo a que mi amor por ti quede hecho trizas. El miedo a los malos entendidos. El miedo a compartirte con los demás. El miedo a desnudar mi alma del todo. El miedo a la caducidad. Quiero que sea un amor imperecedero, incorruptible, eterno. Necesito tenerte siempre a mi lado Adriana, adivinarte a través de tus movimientos, de tus miradas. Necesito que sigas siendo mi diosa, adorarte cada día, cada una de tus palabras, de tus gestos. Necesito descargar mi alma contigo. Necesito tu apoyo, tu empatía. Porque eres lo único que me mantiene con vida. Soy como el moribundo que se aferra a la máquina que ventila sus pulmones. No puedo perderte ahora. Lo entiendes, ¿verdad? Quiero amarte siempre, Adriana, cada momento del día."

Todas y cada unas de las palabras hacían que una lágrima se me escapara de mis ojos. Me emocioné. Tal vez con esta parte del libro no te enteres muy bien del por qué de mi emoción, diario. Es tan triste leer los pensamientos de alguien que sufre por amor, es tan triste que la persona a la que amas no sepa ni que existes, es tan triste la trama del libro; te sumerge en una infinita agonía leer tal libro aunque me encanta leer cada uno de sus párrafos. Es como un AMOR imposible, diario.
Hay días en los que me da por pensar si merece la pena sufrir por amor; dime, diario ¿merece la pena? Sinceramente creo que no vale la pena ¿por qué desgarrarte, afligir, caer en depresión por amor? ¿acaso no es mejor vivir este don del que nos han dotado, este regalo que nos dieron nada más abrir los ojos al mundo, acaso no es mejor vivir la vida? En mi opinión, es mejor disfrutar y vivir al máximo. Pienso que sufrir por un amor no correspondido o que no esté a tu alcance es una manera tonta de desperdiciar la vida. Pensamientos que me atormentan la cabeza y que nunca sabré si están en lo correcto o son pensamientos vagos de una mera adolescente.
Aún así apoyo el vivir al máximo y el evitar sufrimiento alguno.

Cuando me llamó, no supe que decir, empecé a tartamudear, hablar sin coherencia. Pensé que seguramente se le estaría pasando por la cabeza la gran locura que poseo dentro de mí pero ¿sabes qué diario? él es distinto, no piensa lo que la mayoría de la gente piensa, no, no, él es único y por eso lo amo.
- Creo que me estoy volviendo loca...¿a que sí? - dije en un intento por saber su opinión.
- A ver, mmm...sí, como una regadera, chalada, chiflada, majadera, loca de atar...pero te voy a contar un secreto: las mejores personas lo están.
¿Te he dicho, diario, que lo amo con locura, con todo el amor que soy capaz de dar? Cada palabra que dice me revela tantísimas cosas de las que estuve totalmente ajena. Supongo que por ese pequeño detalle lo amo aún más que cuando le conocí a simple vista.

Tras acabar de hablar con él, mi corazón estalló en miles de gritos de júbilo. Tanta era mi alegría que al ver que aún llovía, cogí mi chubasquero y salí descalza al jardín. Estiré totalmente mis manos y fijé mis ojos en el inmenso cielo nublado. Empecé a dar vueltas, bailar, gritar, reírme sin saber el por qué. Aún así quería seguir aunque ello significara no saber el motivo, no me importaba, en ese momento lo único que quería era sentir las diminutas gotas de agua caer sobre mí.
Mis padres se encontraban en el salón, me miraban atónitos desde la ventana que daba al jardín ¿creerían que estaba loca? y si lo estoy ¿que más da? ¿Acaso las mejores personas no lo están?
Al ver que la lluvia empezaba a dar la peor de sus caras, mi padre vino hacia mí a paso lento con una suave y mullida toalla, me la puso sobre los hombros y me susurro:
- ¿No crees que ya es hora de calmar tu alocada locura, cielo? - decía al mismo tiempo que me esbozaba una sonrisa.
- Sí, papá - Le di un pequeño beso en el moflete y corriendo entré y me fui a la ducha.
Sentir el agua caliente sobre mi piel me haría entrar en calor y recuperar el aliento. Lo necesitaba.
Tras terminar me tumbé en mi cama, cogí el MP4 y lo puse a todo volumen, seguidamente fije mis ojos en el techo, no se por qué pero me apetecía observarlo aunque en verdad no lo observaba más bien lo miraba, es decir, miraba sin saber el qué, estaba sumida en mis pensamientos, en los amo que tantas veces digo, en el abrazo de aquella tarde, en los besos que me hicieron ver las estrellas; sí, en todas esas cosas, pero no observaba.
¡Carpe diem! 
Aquí todo diario; mañana seguiré.

Tu alocada Susana.

17 oct 2010

Realmente enamorada


13/10/2010
Soñé con él. Con el momento en el que él me besó por segunda vez. Con el momento en el que él dejó una gran señal en mi corazón, una señal que nunca, ni por los siglos de los siglos, conseguirá borrarse de aquel sitio que ya le pertenece, mi corazón.
Diario, no sabría cómo explicarte lo que viví en aquel momento, fueron una mezcla de tantas sensaciones agradables; fue como un sueño, un sueño que nunca pensé que se hiciera realidad. En definitiva fue mejor que el primer beso que me dio. No sé como lo hace que cada vez que mis labios rozan los suyos las sensaciones que siento son aún mejores que la anterior.
Tras empezar a caminar silenciosamente acompañados por la tenue lluvia que caía y caía empapándonos cada vez más y más, Javier cogió un mini paraguas que tenía en el bolsillo y lo abrió. Tenía todos los colores del arcoiris, era hermoso. Caminamos y caminamos siempre con el silencio por medio. Las cuerdas vocales se me habían paralizado, no podía articular palabra, me sentía tan nerviosa. Él en cambio me lanzaba alguna que otra sonrisa cuando intercambiábamos miradas para ver como estaba el otro. Le veía muy callado ¿estaría tan nervioso como yo? Quién sabe.
Caminábamos a paso lento como si ninguno de los dos quisiera que ese momento acabase nunca. Escuchábamos las gotas caer sobre el animado paraguas, el ruido me tranquilizaba, me transmitía confort.
Llegamos a una curva, mi casa estaba a apenas veinte pasos de aquella curva. Se paró, me paré con una mueca en la cara ¿acaso no quería seguir? Me miró y me dijo con sus sonrisa siempre en sus labios:
- Bueno, ya hemos llegado, si no me equivoco esa es tu casa - Estaba dudoso.
- Sí, esa es mi casa, la de color rosado y con una enorme ventana en el centro, mi ventana - Calló.
- En fin muchísimas gracias por acompañarme ... - Le dije pero me cortó antes de que pudiera articular palabra alguna.
- Em sí, no hay de qué, ha sido un placer pero ... bueno déjalo, nada - ¡Dilo!
- Entonces adiós. Hasta pronto - Dije. Le hice un gesto con la mano ¡Oh! ¡Qué tonta soy! Dile que quería decirte, insiste.
- Un momento - Me cogió del brazo y me acercó a él pausadamente. Fijó sus enorme ojos en mí.
- ¿Sí? - Se formó una gran tensión entre nosotros, mis ojos casi empezaron a lagrimear de la emoción que sentía en aquel momento.
- ¿Te volveré a ver pronto?
- Claa...claro...mm...ss..sii, claro...que sí - ¡Ah! ¿Por qué en estos momentos las palabras no querían salir de mi boca? Empecé a tartamudear como una loca, estaba muy nerviosa, empecé a decir tonterías una detrás de otra sin entender siquiera yo lo que decía pero en ese momento me besó.
En efecto, soñé con ese beso, fue aún mejor que el primer beso que nos dimos. Le abracé y le sujeté fuertemente hacia mí; no, no quería que se separara de mí, no quería que pasasen días y días hasta volverle a ver, no quería sufrir más.
Él aceptó mi abrazo. Sentí los latidos de su corazón. Iban a tal velocidad que cualquiera hubiera supuesto que estaba tan nervioso como yo. Me acarició el moflete que pasó de blanco como la nieve a ponerse rojo como un tomate, tras esto me besó en él. Me puse más colorada aún, pero eso ya no me importaba. La gente pasaba y pasaba y se quedaban mirando descaradamente como permanecíamos él y yo abrazados el uno al otro pero a nosotros no nos importaba, lo único que me importaba en ese momento era él. Le amaba tanto. Y pensar que nunca me había dado cuenta de lo que el significaba para mí, pensar que era el primo de mi mejor amiga y que nos habíamos visto tantas veces y que nunca me hubiera dado cuenta de cuánto lo amaba.
Empezó a llover cada vez con más intensidad. Íbamos a coger un catarro como no nos alojásemos en algún lugar cubierto.
¡Mierda! Se me olvidó que mis padres me esperaban para almorzar, me pegarían una buena regañina, aunque que más da que me regañaran, si estaba con él me daba lo mismo.
Se acercó a mi oído y me susurró dulcemente.
- Será mejor que vayas a tu casa, tus padres te estarán esperando y no quiero que te regañen. Además el tiempo esta empeorando y vamos a coger un buen resfriado - ¡Qué mono! Se preocupa por mí.
- Tienes razón pero ¿me das tu número de móvil?
- No me lo sé y encima se me ha olvidado el móvil, hace apenas tres semanas que estoy con uno nuevo pero tranquila tengo el tuyo, lo cogí del móvil de Ángeles - ¡Oins! Bueno si es mono.
- Ajá. Cuando quieras puedes llamarme. Hasta la próxima - Mis ojos soltaron una pequeña lágrima.
- Hasta pronto. Te quiero Susan, te quiero mucho - ¿Esto es un sueño? No despiertes nunca Susan.
- Yo también te quiero Javier; gracias por todo - Le sonreí y me dirigí corriendo hacia mi casa con lágrimas en los ojos, me sentía contenta porque por fin le había dicho que le quería y triste porque no me quería separar de él pero debía hacerlo.
No volví a mirar hacia atrás, no podía porque sino lloraría más. Llegué al portal de mi casa con Lena y Fredi que habían estado jugando alrededor del parque de mi barrio. Me sequé las lágrimas antes de entrar no quería que mis padres me vieran así ¿que pensarían? Entré corriendo con la cabeza agachada hacia mi habitación. Mi madre me gritó para que bajara a comer y seguramente para pegarme una regañina de paso por el retraso. Entré en mi habitación y cerré la puerta. Me acerqué al espejo y vi mis ojos hinchados ¿tanto había llorado? Me los sequé un poco y intenté sonreír. Sí, perfecto.
Tras esto me tumbé en la cama, no tenía apetito, empecé a darle rienda suelta a mis pensamientos. Le adoraba tanto. Me había hecho la adolescente más feliz del mundo.
¡Te quiero Javier! ¡Te quiero mucho!
Aquí todo diario; mañana seguiré.

Tu aún más enamorada Susana.

16 oct 2010

Un día de lluvia


12/10/2010
Me desperté por el agitado ruido de los árboles que se movían sin cesar debido a los vientos torrenciales que hoy se daban, las gotas caían brutalmente en la ventana que tengo situada en el techo la cual me permitía ver las estrellas en las noches despejadas. Me levanté un poco adormilada de las cálidas sábanas que cada noche me hacían viajar a un nuevo mundo, el mundo de los sueños. Me acerqué al armario y cogí mi sudadera favorita de color rojo fuerte, debes saber diario que uno de los colores que más me apasionan es el rojo, tras ponérmela cuidadosamente me acerqué a mi fiel espejo, digo fiel porque cada vez que me reflejo en él me veo bella por así decirlo, me miré fijamente y divisé un granito del tamaño de una gota de agua, a pesar de su pequeñez no soportaba tener tal cosa, corriendo fui al baño y me masajee con un algodón vertido en tónico sobre el grano; sí, señor, ahora estaba más tranquila.
Salí del baño. Sentía mis pies fríos, muy fríos, debía tapármelos si no quería coger un resfriado o no dejar de temblar. Fui al cuarto de Iván que seguía aún dormido como un tronco y naturalmente le robé las zapatillas, sus reconfortantes zapatillas, siempre tan calentitas y tan suaves; las mías se me rompieron hace poco así que tenía que hacerme con las de mi hermano o las de mi padre, que eran las más mulliditas de la casa.
Bajé al salón y puse la TV. Nada, no salía nada interesante. Apagué la TV y me fui a mi cuarto nuevamente, deseaba sentarme en mi ventana y disfrutar y sentir la lluvia. Adoraba contemplar como las diminutas gotas de agua caían y caían sin remedio alguno. Adoraba ver los árboles bailando con el frío viento. Adoraba escuchar el sonido tan reconfortante que me transmitía. Adoraba el olor a tierra mojada. Me senté al lado de la ventana y me puse a hacer dibujitos en el fino cristal: corazones, caritas, letras, todo lo que se me antojaba en aquel momento pero no tardé en sentir aburrimiento. Puse lentamente mis manos en el cristal pero rápidamente las quité no soportaba el frío horripilante que me transmitía el cristal, me dejaba helada, aunque eso me gustaba, me gustaba sentir el frío recorriendo mi cuerpo.
Me incorporé y miré a través de la ventana de nuevo, veía los pajaritos meterse en sus nidos, los perros buscando un lugar donde poder alojarse. Observé como las gotitas empezaban a limpiar el paisaje que nos rodea, sí, nuestra adorable naturaleza.
Me volví y me tumbé en la cama, estaba helada. En un pis pas mis pensamientos empezaron a resurgir, pero resurgieron de una manera placentera. Miles de recuerdos se me vinieron a la cabeza, uno de ellos el día que quedé con una gran amiga Jasmine, de nacionalidad inglesa, de cabellos rubios y lisos y de ojos verdosos, una chica verdaderamente guapa. Estuvimos tomando helados, yo dos ya que gracias a que soy muy patosa uno se me cayó y tuve que comprarme otro. Estuvimos riéndonos a carcajadas sin parar a respirar siquiera. Estuvimos bailando y haciendo miles de locuras en un milenario parque de mi pueblo, donde los árboles alcanzan alturas asombrosas. Un día como ninguno. También recordé el día en el que Javier me besó que por cierto no logro entender el por qué del beso, me parece imposible gustarle, siento que es demasiado para mí, si suena raro, lo sé, pero es que me parece tan perfecto y cuesta creer que alguien tan como él quiera a una persona como yo ¡Líos y más líos! Pero, ¿sabes diario? Daría cualquier cosa por volverle a ver, volver a ver sus grandes ojos verdosos, sus labios carnosos, su melena castaña, .... ¡Ah! ¿Por qué soy así? Un día intento pasar de él, no recordarle y al otro día estoy soñando con él, con verle ¡No puedo más! Ni siquiera sé que es de él y por supuesto a Ángeles no le voy a preguntar ya que no me gustaría que se enterara de que me gusta, dios sabe lo que se le pasaría por la cabeza a mi querida bribona ¡No! Prefiero guardármelo por ahora y dejar de pensar en él durante una larga temporada ya que si algún día le muestro mis sentimientos y me devuelve una respuesta no correspondida me entraría un dolor enorme y no quiero sentir eso, no quiero que me rompan el corazón, no quiero ser esclava de alguien que no me ama, no, ni hablar.
Me levanté de mi cama harta de darle rienda suelta a mis pensamientos. Siempre conseguían sacarme de mis casillas. Bajé a la cocina, mi estómago empezaba a hacerse notar. Traté de tomarme un calentito vaso de leche con cola-cao y unas tostadas con mermelada, hoy no me encontraba con muchas ganas de hacerme un festín para desayunar, hoy quería algo ligero. Tras terminar vi como mi familia empezaban a armar su ruido matutino, levantarse, gritar, bajar las escaleras como caballos, poner la TV y la radio a tope, .... ¡Qué cruz de familia!
Decidí ir a vestirme y después salir a pasear a mis dos perrillos, Lena & Fredi, me encantaba pasear en los días lluviosos por mucho frío que hiciera. 
Salí de mi casa con unas largas botas por si las moscas me daba por saltar en algún charco. Cogí a Lena y Fredi de la correa y empecé a andar hacia... donde me llevara el frío viento. Caminé y caminé. La lluvia caía sobre mí, empapando mi celeste chubasquero; la punta de mi nariz estaba congelada, tiritaba de frío. Lena y Fredi correteaban y se metían en los charcos ¿acaso no sentían el frío tan espeluznante que hacía? Parecía que no. Me senté en un banco que vi a lo lejos, estaba tapado por un enorme árbol que no dejaba que la lluvia lo traspasase. Tras unos minutos noté como alguien se sentaba en el lado contrario del banco, quise girarme a mirar pero tenía un mal presentimiento. Escuché como suspiraba el extraño, parecía algo cansado. Empecé a observar a mis perros pero ¡error! Lena no estaba me levanté y ... 
- ¿Este perro es tuyo? Parece que no quiere separarse de mí ¡Jajaja! - Me giré y lo vi, no me podía creer lo que veía.
- ¡Javier! ¿Tú..tú por aqu...aquí? - La palabras se me entrecruzaban y no me dejaban pronunciar.
- ¡Susan! ¡Qué sorpresa! Hacía años luz que no te veía - Cierto.
- Sí, desde que estuvimos en casa de Ángeles - Se quedó mudo, parecía que esa frase no era muy de su agrado.
- Sí...dess...desde..ese día - Frunció el ceño y me dio la correa de Lena. Me pareció verle aún más guapo que la última vez, su larga melena le resaltaba sus grandes ojos.
- Bueno Javier un placer haberte visto, debo volver a mi casa mis padres me esperan para almorzar - ¿Por qué los mejores momentos tienen que ser los que menos duran?
- ¿Te puedo acompañar? - ¿En serio me ha preguntado eso? ¡Qué alegría! 
- ¡¡Claaarooo!! - Lo dije casi chillando, me sentía muy contenta pero no quise aparentarlo mucho así que me puse un poco seria.
Empezamos a andar por las grandes calles silenciosamente. Ahora de verdad comprendía cuales eran mis verdaderos sentimientos hacia él. Le amaba. Sí, le amaba con locura. 
Aquí todo diario, mañana seguiré.

Tu enamorada Susana.



6 oct 2010

Totalmente feliz


10/10/2010
Cualquier locura, cualquier sonido, cualquier dulce olor, cualquier textura produce en mí una serenidad absoluta, pinta en mis labios una gran sonrisa, relaja mis músculos y me hace sentir feliz. Exacto, diario. Hoy me siento feliz, no, feliz no, radiante. Mi sonrisa nunca se me borra de la cara, mis ojos desprenden destellos de luz, mis mofletes siempre hinchados, mi mente en blanco, serena, sin ningún problema que la atormente.
Siento una sensación tan agradable. Me siento tan feliz por así decirlo. No consigo enfadarme ni poner mala cara cuando se me  pone por medio algún problema del día, al revés, me entra la risa tonta. Y eso me encanta. Me encanta sentir que ningún problema puede conmigo, con mi felicidad; me encanta sentirme feliz; me encanta reír y reír a carcajadas; me encanta esta sensación, esta sensación de paz.
Me acuerdo que mi abuela cuando yo era una renacuaja, me repetía una y otra vez con su dulce voz de olor endulzante las siguiente palabras: "Una sonrisa significa mucho. Enriquece a quien la recibe; sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo, pero su recuerdo, a veces, nunca se borra." Sabias palabras.
Esta mañana antes de salir corriendo hacia el autobús del colegio, mi hermano pequeño Jorge se interpuso entre la puerta que me daría la salida de mi dulce hogar y yo, le miré con cara enfadada a punto de quitarle de un manotazo pues llegaba tarde, él me miró fijamente con sus grandes ojos azules no más de 10 segundos y tras este breve silencio se acercó a mí y me dio un cálido beso en la mejilla después me susurró al oído: "Te quiero mucho hermana." Tras esto, silenciosamente se separó de mí y me dio paso. Me quedé atónita. Este no era mi Jorge ¿Acaso me lo habían cambiado? Aunque si así fuera me encantaría que me lo dejarán así; el corazón me estalla de felicidad cuando alguien muy cercano me muestra sus más sinceros sentimientos hacia mí. Y mi hermano es una de las personas que más feliz me haría en tal caso.
Subí al autobús alegre, contenta, ensimismada en mis apreciados pensamientos. Me prometí nada más sentarme en un rincón del autobús comerme posteriormente a mi hermano a besos. Le debía mucho por hacerme esta mañana más acogedora. Fíjate diario, como las cosas más pequeñas, más insignificantes te hacen sentir mejor, más alegre de un momento a otro.
Tras llegar al colegio me fui directamente a mi clase, eso sí, pasando antes por la clase en la que se encontraba una de mis mejores amigas, Lucía. Una chica de aspecto elegante, con una gran cabellera pelirroja recogida en una enorme trenza, unos ojos verdes con un brillo sin igual. En resumen, una joven de aspecto sereno y muy bello. Como cada mañana le di una cartita y ella otra a mí, para leer cada una, la que habíamos recibido en las siguiente horas de clase hasta que llegara el recreo. Como siempre sus cartas estaban escritas con la más bella caligrafía, bien limpias y con un aroma endulzante.
Tras las dos eternas horas de clase de Biología y Geografía, salí de clase con Alberto, mi mejor amigo, para dirigirme a la zona en la que quedábamos citadas mis amigas y yo. Por el camino me encontré a Ángeles que había faltado las dos primeras horas.
- ¡Qué! Haciendo novillos ¿no? - le insinué a Ángeles.
- Jaja ¿Yo? No, no. Acabo de venir de mi CASA porque me dolía muchísimo la barriga feish - me dijo poniéndome cara de chata.
- Claro, claro...bueno corre y deja la mochila que Lucía me tiene que contar algo - Tras decírselo salió corriendo y no tardo más de 10 segundos en estar de nuevo al lado mía. Alberto y yo flipábamos.
El recreo era la parte que más me gustaba del instituto. Hablaba con todas mis amigas, con las que viven en mi pueblo y con las que viven en el quinto pino. Podíamos espiar a los chicos guapos. Hacíamos mil y una bromas. Animábamos en los partidos de fútbol que se celebran en unos meses exclusivos de cada curso escolar. Y millones de cosas más.
Lo malo que este preciado momento no duraba más de 30 minutos ¡un asco! Volví a mi clase con Ángeles bromeando con Alberto a un lado y con Lucía hablándome a mí y a Natalia a otro lado. Aunque no duró mucho la vuelta ya que pude divisar a lo lejos que mi maestro de francés se dirigía a mi clase con gran rapidez y si no llegaba antes a la clase que él un negativo al canto. Corrí lo más que pude y llegué a tiempo.
Las cuatro horas siguientes de materia me las pasé con un aburrimiento encima inimaginable. Aún así me sentía muy feliz, y además siempre tenía a Ángeles con quien intercambiaba caras raras constantemente. Lo malo que tarde o temprano el maestro te acababa pillando o mirándote con cara de quecarajoestashaciendo.
Cuando por fin pitó nuestro timbre el salvador, para dar paso a la salida del colegio, salí corriendo junto a Natasha, una chica encantadora, hacia el autobús ya que nuevamente estábamos a punto de perderlo, y como que a ninguna de las dos nos apetecía recorrernos unos cuántos kilómetros a patitas para llegar a nuestras respectivas casas. Somos vecinas.
Una vez llegué a mi casa, hice lo que una adolescente corriente de mi edad haría, ponerse con el PC a ver el tuenti, hotmail, blogs, facebook y un largo etcétera. Luego me enfrenté a una dura batalla contra los deberes y estudios. Resultado: victoria.
Al llegar la noche divisé a mi hermano que había estado toda la santa tarde en casa de un amigo. Como prometí me lo comí a besos. Le quiero tantísimo.
Después agotada por el sueño, me acosté, en un dulce y reconfortante sueño.
Aquí todo diario; mañana seguiré.
Por cierto recuerda: ¡Don't worry, be HAPPY!

Susana.

28 sept 2010

¿Locura? Tal vez


09/10/2010
Hoy es un día de estos en los que me encantaría irme de fiesta toda la noche hasta las tantas sin tener que tener ningún tipo de obligación al otro día, es decir, los estudios. Me encantaría emborracharme, volverme loca, olvidarme por completo de mis problemas...esos problemas que me comen tanto la cabeza, hacer mil y unas tonterías, ir a la discoteca, bailar y todas esas cosas que el espíritu rebelde que todas llevamos dentro te pide hacer ¿el por qué de estas ansias de fiesta? simplemente porque estoy harta de sentirme siempre triste, de sentirme inútil, de dejar pasar el tiempo así como así, de aburrirme, de no hacer las tonterías que una adolescente hace; en resumen, de no pasarlo bien y desperdiciar mi juventud. Sí, me gustaría sentirme una persona rebelde por un instante. Sentir todo lo que pronto no podré sentir. ¿Locura? Tal vez.
Mis padres me repiten una y otra vez que los adolescentes desempeñamos una única labor en este alocado mundo, y esa labor es estudiar para que nuestra generación de ejemplo a las futuras. Pero, haciendo una pausa, me da la impresión, siempre me la ha dado, de que estudiando estamos perdiendo parte de nuestra vida, nos quita tiempo, aunque nos enseñe cosas muy variadas el estudiar, nos quita algo muy importante en la vida de un ser humano, el tiempo. Sin tiempo no hay vida. ¿De qué nos sirve estudiar tanto si al final la mayoría de las cosas que estudiamos se nos olvida o simplemente no nos sirve para nada? Una pregunta a la que nunca nadie le ha respondido o tal vez sí.

Susana.

27 sept 2010

Bob Esponja & su eterna sonrisa


08/09/2010
Al igual que la anterior noche, la noche del sábado, en esta noche no pegué ojo. Me sentía aturdida por las confesiones de lo que sentía Javi hacia mí. Me sentía culpable de no haberle dicho nada. Me sentía inútil en esta vida sin fin feliz. Sentía tantas cosas que ni 100 años me bastarían para dictarlas todas.
A veces me preguntaba cómo una criatura como Bob Esponja podía tener siempre esa sonrisa, como yo digo, su eterna sonrisa, y en cambio yo permanecer con una sonrisa no más de 10 segundos. Él siempre con su ingenuidad. Yo cambiando más que el tiempo, era increíble como a veces pasaba de llorar desconsoladamente a reírme a más no poder. Pero Bob nunca cambiada, siempre era él, y cuando digo él me refiero a él más su eterna y deslumbrante sonrisa. Recuerdo cuando tenía no más de 6 años, siempre corriendo de allí a allá, siempre jugando con mi preciado montón de muñecas minuciosamente cuidadas, siempre con mi sonrisa a la que tanto echo de menos. Sí, libre de preocupaciones. Amaba esa vida aunque como siempre dicen "Nada es eterno". A pesar de ello siempre mantengo la esperanza de que alguien, la persona destinada a permanecer a nuestro lado hasta el fin de nuestros días o como llamamos todos nuestra media naranja, aparezca y me haga recobrar la sonrisa más sincera que el ser humano puede otorgar a la vista. Claro que a veces como todo sueño, siento que esa esperanza se va disipando poco a poco como la luz de una vela con un leve soplo.
Aún así seguiré esperando como quien espera ver algún día su sueño cumplido.

Susana.

17 sept 2010

Películas & muchas palomitas


06/10/2010
Los primeros rayos de luz solar llegaron a través de mi ventana a mi rostro blanquecino intentando que me despidiera del tierno sueño, intentando que abriera los ojos y empezara una nueva jornada. Era sábado, un soleado día de sábado, desde mi ventana ligeramente entornada se escuchaban los pájaros piar, hacía tiempo que no los escuchaba ya que con la llegada de octubre el mal tiempo no había dado tregua alguna. Me levanté de la cama helada, con un frío horripilante, a mis padres se les debió de olvidar encender la estufa, corriendo me dirigí al armario y cogí un abrigo de lana que me transmitía un calorcito muy acogedor. Tras esto salí de mi cuarto y me fui a la cocina, no había nadie, supuse que seguirían todos dormidos ¡Rrriiinnnggg! ¡El teléfono! Corrí que me las pelaba hacia él para que no se despertarán. Lo cogí, era Ángeles ¿¡Cómo no!?.
- Hola. Soy ángeles ¿está Susana?
- Hola guapa, soy yo ¿no reconoces mi voz? por cierto ¿no es un poco temprano cómo para ponerse a llamar?
- Jaja sí lo es pero es que estaba aburrida y como tu sueles despertarte a esta hora digo pues la llamo ¿te he despertado?
- No, tranquila, hace unos 10 minutos que me desperté. Por cierto les conté a mis padres lo del cine y lo siento mucho pero no me dejan ir por el hecho del dinero, este mes he gastado 40 y pico euros en la factura del móvil así que lo tengo muy crudo...
- Chica pero ¿tú a quién llamas? En fin que no te preocupes que al final no vamos al cine, vamos a quedar yo, Alexander, Natalia y mi primo Javier en mi casa hoy a las 17:00 ¿sí? Vente porfi.
- Mientras no haya que pagar creo que con suerte podré ir. Bueno te dejo angelito mio que mi padre se acaba de despertar y me va a insistir en que haga el desayuno. ¡Puf!
- Jajaja ¡Te deseo suerte con el desayuno guapa! Te quiero susanita mía ¡Acuérdate, a las 17:00!
- Sí, sí... - Otra vez me colgó. ¡Ains! Si no fuera porque la quiero mucho, me la comería.
Mi padre bajó las escaleras con su matutina cara de dormido. Nos pusimos a hacer el desayuno. Churros, chocolate caliente, huevos fritos, pan con aceite y muchos tipos de dulce ¡Que empachazo me metí!

16:55.
Salí corriendo de mi casa, llegaba tarde, me quedé dormida en la siesta ¡Puf! Su casa estaba a 30 minutos andando de la mía así que llegué tarde sí o sí. A las 17:25 llegué, bueno si uno se fija bien no había llegado tan tarde, solo unos minutos de nada. Pegué en la puerta. Me abrió Javier ¡Oh no! ¡Javier! ¡No me acordaba que  Ángeles dijo que iba también! Me dio un vuelco el corazón ¿Qué debía hacer? Venga, saludo y me meto como si nada.
- Hola Javier ¿Qué tal? Con permiso me meto - dije tan rápido esta frase que creo que no entendió nada.
Entré corriendo. Él mientras tanto se quedó absorto como intentando adivinar que había dicho. Ángeles estaba sentada en su sofá de terciopelo rojo que te hundía nada más tocarlo, miraba películas, todas de terror ¡Qué chica! ¡Cómo se nota que le van las emociones fuertes!
- ¡Hey! ¿Eligiendo película? - Me senté a su lado a la vez que me hundía en el mullido sofá.
- Suuusaaaan no te había visto entrar, supongo que Javi te abrió...por cierto mira mira ¿qué te parece esta película? - Me señaló una que nada más mirar la tapa te recorre un escalofrío por todo el cuerpo.
- ¿"Elle"? Un título curioso ¿Por qué no vemos mejor una de risa?
- Ya hemos hecho una votación y hemos quedado en ver una película de terror, lo siento cari.
- ¿¡Qué!? Pero si yo no he participado en la votación, lo has hecho a drede, mala persona...
- Jaja ¡anda vamos a por las palomitas!
- Vale. Por cierto ¿y Natalia y Alexander?
- Ellos vienen a las 18:00.
Preparamos las palomitas, elegimos unas cuantas películas bueno "elegimos" entre comillas ya que las eligió Ángeles, es una experta, Javi y yo nos dedicábamos a asentir y zampar palomitas a escondidas.
Por fin llegaron Alexander y Natalia. Nos sentamos todos acurrucaditos en el sofá y pusimos una película.
¡Aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh! Gritos y más gritos entre Natalia y yo, estábamos debajo de una manta con la adrenalina por los suelos ¡Sí, lo sé, somos unas miedicas! pero ¿qué le vamos a hacer? Ángeles y Alexander se habían ido al cuarto de Ángeles, figúrate para qué, llevaban 30 minutos en el cuarto. En cuanto a Javi se había acomodado en el sillón del salón y estaba muy atento a la película. En la mitad de la película Natalia se fue ya que había quedado con sus tíos y primos. Nos habíamos quedado solos, Javi y yo.
- ¿Qué tal si dejamos la película para luego y nos ponemos a ver algo en la TV? - me miró sonriendo.
- Buena idea. Después de tanta adrenalina como tengo en el cuerpo no me vendría nada mal una pausa.
Nos acomodamos de nuevo esta vez él se sentó a mi lado ya qué hacia frío y debíamos compartir la única manta que teníamos. Me resultaba incómodo estar tan cerca de él pero a la vez no quería que se separase de mí ¡Qué cosas! No había nada interesante en la TV.
- ¡Qué mierda! No hay nada.
Me incorporé a la vez que él se levantaba a coger palomitas.
- ¿Voy a ver que hacen Ángeles y Alexander?
- Yo que tú no iría - Me quedé pensativa y sí, tenía razón mejor no ir. No quería estropearle este momento en el que por fin después de unos cuantos días volvían a verse Alexander y Ángeles. Me senté de nuevo y me quedé ensimismada en mis pensamientos.
- ¿Sabes una cosa? - me dijo a la vez que se giraba hacia mí.
- ¿Qué? - dije con cierta curiosidad.
- Ya te he dicho esto en la feria pero es que me gustas mucho, desde que te conocí me gustaste, siempre he tenido miedo de hacértelo saber ya que no sabía como reaccionarías pero esta vez te lo digo, no quiero esconderlo más dentro de mí. No hace falta que yo también te guste, ni que salgas conmigo si no te gusto, solo quería que lo supieras, tal vez me esté precipitando, no sé, pero es que es deprimente guardártelo y estar torturándote día y noche - El corazón empezó a latirme muy rápido y fuertemente ¡Bum, bum, bum bum, ...! ¿Qué hago yo ahora? ¿Qué le digo? Por suerte no tuve que decir nada en ese momento se acercó Ángeles a nosotros.
- ¿Qué tal la película, chicos?
- Hemos visto solo la mitad, prima, era un poco fuerte la película - Se levantó y se fue a la cocina con Alexander.
- ¿Qué haciais los dos tan juntitos? - me susurró Ángeles con su sonrisa pícara. Me puse roja.
- ¿No...sotros? Na...nada, solo hablá...hablábamos - Me giré para que no viera lo roja que estaba.
- Sí, sí, claro...lo que tu digas cari.
- Yo ya me tengo que ir a mi casa dale dos besos de mi parte a Alex y Javi - Nos dimos un abrazo y me acompañó a la puerta.
- Adiós guapísima. Mañana te llamo.
- Pero a la hora de comer ¿Okay? No como esta mañana. Chao - Desaparecí tras el muro de su casa.
Seguí andando hasta mi casa por la fría noche de octubre ¡Qué tonta había sido! Tenía que haberle declarado mi amor también ¿Por qué era tan tonta? ¡Dios! ¡Se suponía que ya era madura, una mujercita! ¡Lo había estropeado todo! Deseaba volver al pasado y haberle dicho que yo también le amaba con locura ¡Snif! ¡Ya nada podía hacer!
Aquí todo diario; mañana seguiré.

Susana