Las personas libres jamás podrán concebir lo que los libros significan para quienes vivimos encerrados.
Ana Frank.

8 nov. 2010

Enséñame a olvidarme de pensar


18/10/2010
Perdóname diario. Llevo unos días en los que ni siquiera te he rozado. A veces me olvido de plasmar mis recuerdos en ti. Estoy tan atenta en él que mis pensamientos se diluyen haciendo que me quede embobada pensando solo y únicamente en él. Pero se acabó. Prometo escribirte con más frecuencia.
Tengo tantísimas cosas que contarte que no sabría por dónde empezar. Una de ellas es de Javier, cada día que le veo, aunque solo pueda los fines de semana, mi amor hacia él aumenta más y más. No sé que tiene, un poder de atracción o algo por el estilo que me cautiva y no me deja escapar. A veces es como si él fuera un imán y yo un simple trozo de metal que queriendo o no es atraído como si tal cosa.
Ayer fui a su casa, sí diario, por primera vez fui y debo decir que es enormemente enorme y su dormitorio ni te cuento, según él no hay cuarto más pequeño en el mundo, exagerado; he hecho cuentas y podría ser de grande como mi cuarto más el de mi hermano Jorge más el cuarto de baño que compartimos ¡sí! ¡una burrada!
Fui a su casa con la excusa de que no comprendía un pequeño trabajo de Química que en realidad si comprendía pero bueno cualquier cosa por verle. Tuve suerte de que hoy tenía el día libre y podría ayudarme aunque eso sí no hicimos ni el huevo; me enseñó su casa, todos y cada uno de los rincones que la componían, el jardín también enorme, alguno de sus hobbies como montar y arreglar motos (sí, un hobbie algo extraño pero en fin eso es lo que nos hace únicos). Cuando me enseñó una de sus motos mostré tanta admiración que insistió en llevarme a pasear en moto por las calles de su barrio, acepté su oferta a pesar de que por dentro no quería ni tocar la moto.
¿Y sabes? no me arrepiento de haber aceptado. Fue expectacular, genial, ... notar la adrenalina en tu cuerpo, los cabellos rozándome la cara por la vertiginosa velocidad, el aire golpeándome la cara.
Al principio debo admitir que me cagué pero con el paso de los segundos y viendo que Javier estaba al lado mía dándome una pizca de seguridad hizo que mi cuerpo se desenvolviera en el ambiente y no pensara en esa sensación como es el miedo.
Pasados quince minutos paramos en un pequeño parque con grandes árboles. Era precioso. Aparcó la moto y nos sentamos en un pequeño banco junto a un pequeño roble. Estábamos el uno al lado del otro mirándonos, notando la respiración de cada uno, su incesante aspirar y expirar. Cada vez le notaba más cerca de mí, su calor corporal me envolvía y me transmitía calidez. Hubiera deseado que en ese momento se hubiera parado el tiempo. Ojalá, claro que los sueños... sueños son.
En ese momento noté como Javier se separaba rápidamente de mí con una palidez extrema en su rostro. Me asusté obviamente y a punto de articular palabra un chaval de tez morena se acercó a nosotros acompañado por una chica de más o menos mi edad y dos chicos.
- ¡Ey tío! ¿tú por aquí? - Dijo el chaval sonriendo y dirigiéndose hacia Javier.
Javier se levantó rápidamente y le hizo el típico saludo entre ellos. Después empezaron a hablar silenciosamente por lo que no me enteré de nada. La chica que venía con ellos fijó la mirada en mí desde que se acercaron a nosotros, no me apartaba la vista la muy descarada. Me intimidaba. Intenté hacerle señas disimuladamente a Javier para que nos fuéramos a otro sitio. Me sentía incómoda. Cuando pareció haberlo captado se dirigió a mí y dijo:
- Por cierto que casi se me olvida, chicos esta es Susan y Susan estos son Álvaro, Juan Fran, Carlos y Verónica - Les di dos besos a cada uno excepto a la tal Verónica que se me apartó con cara de asco.
- ¿Es tu chica Javi? Tío me tienes que decir el secreto, cada día estas con una - Carlos, era rubio y el de estatura algo más baja, parecía el más simpático aunque su comentario no me agradó mucho.
- ¿Para qué tener una novia para un día? Al fin y al cabo al otro día será un hola y adiós. Pobrecita.
- ¿Por qué no te callas Verónica? ¿Acaso estas celosa? - Javi...
- ¿Celosa yo? De eso nada guapo y menos de una cría como ella - Me entro de todo por el cuerpo. Quería saltar a la discusión en ese momento pero prefería callarme, no me apetecía pelearme con ellos nada más conocerlos.
- Lo nuestro terminó Verónica no intentes arreglar lo que pasado está, es inútil volver sobre lo que ha sido y ya no es - ¿Eing? ¿Estuvo con esta? - Vámonos Susan - Me miró y me cogió del brazo.
- ¡¡Di lo que quieras pero que sepas que el pasado siempre estuvo, está y estará presente!! - Se escuchó a Verónica gritando desde donde estábamos hace unos segundos. En sus palabras cargadas de odio se notaba melancolía y tristeza. Javier no miró hacia atrás.
Nos montamos en la moto y fuimos a su casa. La vuelta se me hizo eterna no paraba de pensar en la estúpida Verónica ¿fue por ella por lo que se puso tan pálido?
Al llegar fuimos directamente a su dormitorio. Allí me senté en un sillón muy mullidito y suave de color rojizo, estaba agotada y no sabía el por qué.
Javier tenía la mirada perdida. Empecé a observarle con ternura. Le noté triste.
- Siento lo de antes - Me susurró mirando el suelo.
- No te preocupes. Además tú no hiciste nada fue tu amiga.
- Sí, Verónica - se acercó a mí y se sentó en el suelo. Clavó sus ojos en mí - Aún así lo siento -
- Repito que tú no has tenido la culpa y además ha sido una tontería.
- Lo siento - dijo en un hilo de voz.
- Después que si yo soy pesada cuando te pido disculpas. Tú me superas guapo.
- A ti nadie te supera en nada, ni en belleza, ni en inteligencia, ... en NADA eh
- ¡Ejem! ¿pero que me estas diciendo? Por favor no empecemos sabes que soy del montón.
- De eso nada monada.
- ¡Que sí! y no se habla más.
Empezó a reírse como si nada. Las carcajadas no paraban de sonar. Esbocé una sonrisa. Me alegraba volverle a ver contento. Al poco rato se le pasó las ganas de reír y volvió a decir.
- Bueno en lo que estábamos, que lo siento mucho, en serio, no me digas que no tuve la culpa ni nada por el estilo, lo siento y quiero que lo sepas - Ya empezábamos.
- ¡Ajá! Pues yo quiero que sepas que no tienes por qué dármelas y no me lo discutas.
- ¡Mala! Siempre te tienes que salir con la tuya, no me puedes dejar quedar bien - Me sonrió y nos fundimos en un beso. Esos besos cálidos y elocuentes.
- Te amo - me susurró en el siguiente beso que nos dimos.
- Yo más aún.
Cuando nos quisimos dar cuenta eran las 19:30 de la tarde. Tenía que volver ya a casa, mis padres me iban a matar. Recogí el trabajo y lo metí en la mochila con ayuda de Javier.
Nos dimos un último beso antes de salir de su dormitorio y me acompañó a la puerta. Allí le di un pequeño beso en el moflete y nos despedimos. ¡Oins! Me daba tanta pena separarme de él y no volverle a ver hasta el fin de semana que viene. Aún así me consolaba la idea de que por lo menos hablaríamos por teléfono.
Me dirigí a la parada de autobús desde donde cogí el último bus para llegar a casa. Una vez en casa mi madre me hizo uno de sus típicos interrogatorios sobre lo que había hecho en la tarde y pidiéndome todos los detalles sobre su casa ¡Madres!
En fin diario mañana pasaré a contarte otra de las miles de cosas que tengo que contarte.

Susana.